PESADILLA

El Orbayu había desaparecido en la noche.
Aún no había amanecido cuando cogió una toalla , se la puso sobre los hombros y decidió salir sin avisar. No quería preocuparles.

No recordaba como llegó hasta allí. Estaba aún cerrado y decenas de personas esperaban.

Empezó a fijarse en la gente y vio que iban muy arregladas, zapatos de tacón, pantalones de pitillo, peinados elegantes, divertidos; risas, alegría. Se miró. Se dio cuenta que solo llevaba unos botines, braga y camiseta y la toalla de playa cubriendo parte de su cuerpo. Sintió frío, mucho frío.

Abrió el Centro de Salud. La gente entró sin importarle más que el celebrar juntos, que todo había terminado. Se sintió pequeña, muy pequeña. Aún no había entrado cuando una chica de bata blanca, sin guantes ni mascarilla, le preguntó si quería hacerse la prueba. Le dijo que no y le dio las gracias. Solo quería que su médica la viera. Entró. Necesitaba ser atendida. ¡Imposible! No podía pasar. Nadie se fijaba en ella. Se dio cuenta que cada cual festejaba el haber sobrevivido.

Salió. No tuvo fuerzas para caminar hasta su casa. Estaba segura que, cuando su familia se diera cuenta, saldría a buscarla. Despertó.

Fala

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