SILENCIO

No recuerdo mucho, tan solo la espesa nube de humo negro que nos robaba el oxígeno y el orbayu que me limpió el polvo de la cara. La gente del pueblo dice que temblaba el suelo de las casas. Yo aún oigo el pitido. Era mi tercer día abajo, acababa de cumplir los catorce, pero fue el último de mi padre. Nadie ha vuelto a bajar al silencio, la mina se ha llevado a demasiada gente.

Olaya Arias Menéndez

Siguiente relato

Volver al índice de relatos