DULCE FRANCIA

No sé si en aquella ciudad de Francia, en la que vivimos un tiempo, vimos alguna vez el orbayu, supongo que en algún momento habremos caminado bajo una fina lluvia. Lo que sí vimos y sobre lo que nos advirtieron, fueron aparatosas tormentas por la proximidad a los Pirineos.

De nuestras excursiones por estas montañas recuerdo por ejemplo:

El sonido de las campanas al atardecer en un pueblo del valle, mientras descendíamos por la ladera del monte.

Vernos, ya de retirada, rodeados por un rebaño de ovejas. Se apretaron de tal manera alrededor de nuestro coche que era imposible avanzar. Al poco apareció una guapa pastora que las dispersó y nos pidió disculpas con una sonrisa.

Un cálido día de otoño en aquel pueblo de calles empinadísimas, cuando a un lugareño se le cayeron parte de las cebollas que llevaba y rodaron veloces hasta que logramos atraparlas.

Una excursión por un famoso paraje, caminando en cornisa por unas alturas de vértigo. Entonces sonó el teléfono. Era nuestra hija. El horno estaba en llamas. Tengo que reconocer que en aquel momento me pareció un mal menor.


Camachuelo

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