EL COSTALERO

Las frutas y verduras brillan en sus cestas como lavadas por un orbayu que hubiese caído esta misma mañana. El “chico”, eficiente y encantador, que me atiende desde tiempos inmemoriales, hoy que no hay mucho trabajo, me habla de su pasión. Nunca mejor dicho.

Me dice que es costalero y que participa en tres procesiones.

Poco después de Navidad empiezan los ensayos.

La procesión comienza a las ocho de la tarde y puede durar hasta las dos de la madrugada.

Si llueve es una tragedia, se sienten embargados por el desconsuelo. No poder salir después de tanto trabajo…

Si el tiempo acompaña, no importa el calor sofocante bajo la imagen, el sudor cubriendo sus rostros, los cuerpos doloridos, todo queda compensado por el silencio sobrecogedor, la emoción, la devoción…

Después corre hacia la estación de tren. Tiene otra cita en la “madrugá” de Sevilla. No lo cambiaría por nada, me dice.

Chorlitejo

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