ESTELAR

Después de un día húmedo y gris, de continuo orbayu, justo al
atardecer, las nubes se disiparon como por arte de magia, dando paso a una
maravillosa noche de verano.

Nos abrigamos y decidimos cenar en el jardín.

De pronto alguien dice que es una noche estupenda para ver la Estación Espacial Internacional, si trae la trayectoria adecuada. Me sonó a ciencia ficción, pensé que nos estaba tomando el pelo. Tras consultar su ordenador dice que tenemos suerte, porque está sobre Méjico y antes de media hora estará sobre Asturias. Dijo el rumbo, pero a mí me pareció que venía de Pontevedra y se iba hacia Santander.

Recogimos la mesa y nos pusimos a mirar como suricatas en la dirección indicada y ¡oh sorpresa! Una luz pequeñita pero intensa, más alta que el avión más alto, entró en nuestro campo visual. Durante unos segundos nos quedamos boquiabiertos (cuando cerramos la boca, la nave debía de estar sobre Dinamarca).

Tuvimos que descubrirnos ante nuestro Stephen Hawking particular, porque aparte de tocar el piano, cantar en un coro y dar clases en la universidad, sabe encontrar en sus ratos libres una nave espacial con gente dentro en la inmensidad del firmamento.

Vega

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