EL ORBAYU DEL ALBA

Este sería el primer año que en mi cumpleaños ella no sería la primera…

De niña me recuerdo acurrucada entre las sábanas todos los 19 de febrero, esperando como el zorro a su principito, la llamada mágica que me entregara su voz desde Malága… el ring ring sonaba a música de fiesta y algarabía, así me adentraba descalza, pasillo a través en su búsqueda. Mi hada siempre era la primera. La primera en emocionarme, la primera en hacerme reír, la primera en regalarme las verdades prisioneras de nuestro propio ego.

 
Pero ella había decidido partir un final de agosto y aunque me prometió que siempre estaría presente, aquella mañana el teléfono no sonó. Solía decirme que, en las noches de luna, y en los amaneceres despejados, siempre podría comprobar su silueta, pues la luna siempre iba acompañada de su estrella como su alma a la mía.

 
Pipo correteaba sobre la helada hierba cuando se quedó ladrando al cielo. Al acercarme mis ojos se llenaron… el lucero del alba contemplaba la escena…

 
Comprendí

 
Ella seguiría siendo la primera siempre

Lola

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