VOLVER A SER

El orbayu mecía con su fina lluvia los cristales mientras disfrutaba a sorbos del café de la mañana.

En la Plaza de la Marina una niña con impermeable amarillo, saltaba los charcos aislada de las miradas ajenas.

Me había buscado entre cien mil sonrisas, pero ninguna se parecía a mí.

Me había echado de menos en otras lágrimas, e incluso había recordado el sabor de mi dulzura cuando me creía Juan sin miedo en el castillo de las incertidumbres.

Me había humillado, perdiendo el amor propio para entregar el trofeo a un pretendiente cualquiera, que lejos de ser prioridad, solo me daba un papel secundario de su historia, abandonando el argumento de la mía.

Me olvidé de mí, todavía recordando la magia eterna que yo misma me transmitía, añorando la rica esencia que iluminaba mi existencia.

Tuve que verme desde adentro para recuperarme. Sentir entre los escombros de mi corazón como acurrucaba mi abandono y, aun así, aquella pequeña rizosa permanecía inerte, esperando mi regreso.

Volver a recuperar la niña que una vez fui, desarmando y arrancando los barrotes de mi propia prisión y abrazar el aire fresco de mis únicos antojos fue mi peor batalla y mi mejor recompensa.

Lola

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