AQUA LIBERA

Hacía tan solo tres semanas que se había trasladado al norte en pos del misterioso “orbayu”. En su mente enferma aquella palabra sonaba misteriosa, cósmica, y por una extraña asociación homeopática se le antojaba la solución a su pertinaz melancolía. De manera obstinada, siempre que era posible, se dejaba empapar por aquellas diminutas partículas de las que no era capaz de percibir sino un peso creciente en su interior. Un nuevo amo vampirizaba así su mente, al tiempo que, implacable, enfriaba su cuerpo.

La mañana del cuarto viernes se levantó temprano, se dirigió al bosque cercano y, con dificultad, ascendió por una estrecha vereda hasta la cima. Allí, en medio de dos peñascos descarnados por el frío y el viento, se despojó por completo de su ropa y se tendió boca arriba dispuesta a renacer. Nadie puede contar a ciencia cierta qué es lo que ocurrió.

Mucho tiempo después, un pastor encontró, reseco y descolorido, ropaje de mujer junto a un nuevo manantial de agua límpida y fría que brotaba en medio de las dos rocas.


Mª Luisa Rodríguez Álvarez

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