CARTA DE AMOR A MIS ANTEPASADOS

Caía el orbayu y yo me encontraba en casa, aburrida, mirando por la ventana.
No sabía cómo pasar el tiempo y fisgando en el desván encontré un álbum con aspecto viejísimo.

Nada más abrir el álbum sentí algo que no puedo explicar.

Yo había escuchado cosas de mi familia, pero más allá de mis bisabuelos, apenas conocí a nadie. Ellos, mis bisabuelos, ya no están y el poco tiempo que nuestras vidas coincidieron, casi no lo recuerdo porque yo era muy pequeña.

Pero tener estas imágenes delante era otra cosa. Veo a mis bisabuelos jóvenes, mi abuela y tías-abuelas niñas, mis tatarabuelos. Estos son los que más me impresionaron. Sentados, los dos juntos, tan ancianos, con esas manos en las que se ve tanto trabajo. Noto que, aunque mi familia me cuenta más bueno que malo, hubo de todo. Pero ahí estaban, con ganas de vivir. De hecho, vivieron casi un siglo.

Y así, de repente, ya los quería. Es como si se formara una cadena entre la familia que conozco y mis antepasados. A través de esa cadena, tengo la sensación de haber convivido con ellos. Ya forman parte real de mi vida.

MSP

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