SURRENDE

Vencido ya, sin armas
ni pendones victoriosos
solo quedó el orbayu
de tus ojos.

Sin valor, ni timón,
atormentado, ya guías
mi fiereza de tu mano.

La rendición fue
sin concesiones.
Tú ganaste, señora.
los blasones.

Contra el poder brutal
de tu dulzura
no me valió
ni escudo ni armadura.

Mi castillo quedó bajo tu hechizo
con almenas y fosos. Yo cautivo
de tu amor, de tu voz,
de tus suspiros….

Mar Garay

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