
| Vencido ya, sin armas ni pendones victoriosos solo quedó el orbayu de tus ojos. Sin valor, ni timón, atormentado, ya guías mi fiereza de tu mano. La rendición fue sin concesiones. Tú ganaste, señora. los blasones. Contra el poder brutal de tu dulzura no me valió ni escudo ni armadura. Mi castillo quedó bajo tu hechizo con almenas y fosos. Yo cautivo de tu amor, de tu voz, de tus suspiros…. Mar Garay |
