LLEGAR A VIEJO

Cuando pasó caminando por delante de aquella cristalera, vio a un abuelo feliz, llevado en su silla de ruedas por un hombre maduro, de unos 45 ó 50 años.

Se parecía a su propio hijo, aquel hombre.

Sí que se parecía. Pero no podía ser, su hijo aún era un niño… pensó.

Aunque cuanto más se fijaba, más se le parecía, era como si… pero no, no podía…

-¡Qué bonito, el orbayu!

-Sí, papá, pero nos estamos calando, ¿nos vamos?

Alonso de Entrerríos

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