ATRACO

La niebla persistente y el orbayu incesante hicieron que los cuarenta minutos previstos para la escala en aquel aeropuerto, se convirtieran en algo más de dos horas. Aprovecharé para comprar algo en las tiendas libres de impuestos, pensé. Dicho y hecho, caí en la tentación comprando algunas cosas suculentas de esas que se encuentran en los países nórdicos.

Pagué con uno de los dos billetes grandes y únicos que tenía en divisas de aquel país y poco después, a la hora de pagar la siguiente compra, descubrí que sólo me quedaba el otro billete.

Corrí a la tienda anterior y tras mucho insistir logré convencerle de que no me había dado la vuelta. Lleno de dudas y no muy contento me dio el dinero que me faltaba.

Por fin llamaron para embarcar y ya subiéndome al avión metí la mano en el bolsillo de la gabardina y me encontré unos cuantos billetes y monedas que no esperaba allí. Muy tarde para volver. Me imaginé su cara cuando hiciera las cuentas del día.

Aún hoy, treinta años después, me sonrojo cuando me acuerdo.

Luis Candelas

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