EUROPA

El orbayu de aquella mañana de invierno en que saldríamos rumbo al pueblo de Alemania, donde trabajaría hasta finales del verano, le quitaba gran parte de encanto al comienzo del viaje.

En aquella Europa con fronteras, los pocos coches que hacían viajes internacionales, llevaban como identificativo del país de origen un adhesivo, que yo no tenía. Una elipse con la letra E.

Dormimos la última noche del viaje en un hotelito en Holanda, cerca del límite con Alemania y al día siguiente, viendo lo poco que nos quedaba, decidimos tomar carreteras secundarias, atravesando pueblecitos, hasta cruzar el último antes de la frontera y de repente, una barrera y una garita con las banderas de los dos países.

La única persona que había en aquel lugar solitario, rodeó el coche y se acercó a mi ventanilla. No lleva identificativo nacional, me dijo. No puedo dejarle pasar. La conversación fue larga pero concluyó diciéndome que siendo domingo no iba a encontrar nada abierto. Y sacando una cajita con adhesivos de toda Europa me vendió una con la E, levantando a continuación la barrera con una gran sonrisa.

¡Y yo que creía que la picaresca era cosa de España!

Lazarillo

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