
| Leves e incesantes, como gotas de un persistente orbayu, sus pensamientos iban tejiendo una suave membrana que todo lo envolvía, despojando de profundidad a su mirada, aislándole. Intentó resistir, pero fue en vano. Cuando lo encontraron, lloraba. Por los anhelos frustrados, los sueños perdidos. Por lo que pudo haber sido y ya no alcanzaría a ser. Se quedó dormido. Cuando despertó, lucía el sol. Muermo |
