El orbayu no le impedía terminar aquella especie de submarino de madera. Unos días más tarde comenzó a llover intensamente, subieron a la nave y cerraron las puertas. Cuarenta días después abrieron las puertas del artilugio y, con un sol radiante, bajaron a aquella tierra ya seca, todos: él, su esposa Naamah y sus tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Y lo más extraño: miles de animales de todas las especies. Allí se inició un nuevo comienzo.

De la Fresange

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