AGUA Y LUZ

Aquella tarde el orbayu no cesaba y me puse melancólico, con nostalgia de ti. Del cajón saqué el álbum de fotos y recuerdos, y recorrí con los dedos y la mirada un pasado feliz ya perdido. Y te eché de menos.

Me puse la gabardina y salí a recorrer los lugares en que habíamos sido felices. Aquel banco del parque, el paseo por la avenida arbolada, la eterna cafetería de la esquina.

Cesó el orbayu, y un sol optimista iluminó y sacó brillo a la plaza. Entonces, tras la cristalera ahumada del viejo café te vi: sentada en nuestra mesa, con la mirada perdida en el viejo mantel, entregada a pensamientos y memorias.

Quizá tú también habías venido en busca de recuerdos empujada por el evocador orbayu, quizá tú también me echabas de menos como yo a ti.

Di la vuelta a la esquina y entré corriendo al local. Al entrar, estabas en la mesa sonriendo feliz, satisfecha, enamorada, mientras un joven llegaba desde la barra con dos tazas humeantes, se sentaba a tu lado y te daba un beso.

Claro. Quizá el problema siempre fue que yo estoy hecho de orbayu y pasado y tú, de sol y futuro.

Cyrille

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