EL REY DEL BOSQUE

– En nuestro bosque carecemos de un nombre para el orbayu, darling. Orbayu es una palabra llena de armonía, ¿verdad? Evoca pureza y magia en movimiento. Es inmensa, es sutil… Adoro esa palabra, Titania. La necesito. ¿Crees que estos caballeros considerarían permitirnos usarla también en nuestro reino? – preguntó Oberón a su esposa, con entusiasmo pueril.

Titania quiso explicarle que las palabras no se prestan, que ni se venden ni se ceden. Pero creyó que sería mejor dejarlo por esa noche. Era excepcional ver al rey del bosque con ese brillo en la mirada, pues ya poseía todo cuanto había ansiado, y pocas cosas lograban encender su deseo. Era un hombre testarudo e impaciente. Podría contenerlo para que no irrumpiese inmediatamente en los aposentos de sus visitantes con el ímpetu de una ráfaga de gregal, pero sabía que la pasión ardiente dentro de su regio corazón no permanecería encerrada mucho más allá del primer rayo de sol.

– Seguro, amado esposo. Ordenaré festejos para mañana temprano. Reuniré a los huéspedes, haré llamar a todos los seres del bosque… Y conseguiremos el orbayu.

Eugenia Bravetown

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