ORBAYU

El orbayu caía lentamente, buscaba la caricia del río, de la marea y del mar. Se apretujaba dentro del beso de la bruma tranquila de la playa en esa madrugada, envuelta en el limpio y suave discurrir del vuelo de las gráciles gaviotas que volaban por el cielo impávido de Asturias. Parecía encontrar un escondrijo entre las madreselvas del río, que llegaba mansamente a la playa de Artedo.

La tarde era un suspiro de atardecer y niebla recorriendo la senda del valle y la vaguada, buscando el horizonte donde van a morir, en cada atardecida, las olas y el rumor de la blanca marea. Buscaba el rinconcito donde, al caer el día, los mágicos silencios, los sueños y los besos de las xanas y de los duendes, los trasgus y las sirenas, se van a descansar.

Castañedo

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